martes, 1 de julio de 2008

Conservar y preservar



Uno de los grandes problemas con los que nos encontramos en Galicia a la hora de conservar nuestro rico patrimonio artístico y arquitectónico es el de la humedad, que afecta tanto a materiales susceptibles al agua, por ejemplo la madera, como a otros tradicionalmente menos permeables, como la piedra.

Los Libros de fábrica que iglesias y monasterios, de los que hemos conservado ejemplares desde el siglo XVI, han dejado numerosas noticias que certifican el difícil mantenimiento que tenían las estructuras y piezas ornamentales de madera: desde los artesonados a los retablos y piezas de ornato efímero, como los tradicionales Monumentos de Jueves Santo. Buena parte de este patrimonio artístico ya ha desaparecido o se encuentra gravemente amenazado sin que los parroquianos, propietarios e, incluso, la propia administración nada pueda hacer por salvar su ruina.

Algo semejante sucede con el patrimonio inmueble, con el agravante de que su recuperación es económicamente más costosa. Por este motivo, aquellas instituciones (públicas o privadas) que deciden generosamente destinar parte de sus fondos a la restauración arquitectónica deberían velar también porque esa inversión sea al más largo plazo posible. ¿Cómo? Dandole al propietario o a los responsables del inmueble una serie de instrucciones y recomendaciones sobre el mantenimiento que requiere el edificio.

Recientemente pude visitar el monasterio cisterciense de Santa María de Sobrado, que fue reconstruído en 1954, por iniciativa del arzobispo Quiroga Palacios, y nuevamente habitado en 1966. Desde entonces se han llevado a cabo distintas labores de rehabilitación y conservación, destinadas sobre todo al buen mantenimiento de sus cubiertas, sin embargo, el estado en que se encuentra, principalmente su iglesia, demuestra que éstas son insuficientes. Buena parte de sus muros, así como los de la sacristía, están cubiertos por un espeso manto de verdín, y en algunas zonas las plantas se han instalado en las junturas de los sillares. Éstas últimas son más complicadas de erradicar, pues por su ubicación y complicada extracción se necesita de especialistas en este tipo de trabajos. En el caso del verdía es distinto; si a la comunidad se le hubiera dado unos parámetros simples para la climatización del templo y dotado de un buen equipo de deshumidificadores, posiblemente no se habría alcanzado el nivel de degradación actual que demanda una intervención de limpieza integral sumamente costosa.


Creo que las campañas de restauración y rehabilitación del patrimonio inmueble son muy necesarias pero, dado la ingente cantidad de patrimonio histórico-artístico con el que contamos en la Comunidad gallega y las habituales dificultades de conservación, las autoridades competentes deberían diseñar un plan especial que favorezca la correcta preservación del mismo una vez que ha sido intervenido, a fin de optimizar las inversiones económicas que supone. Al mismo tiempo, la implicación de los propietarios y responsables en el mantenimiento contribuiría a crear en ellos una conciencia de respeto y celo por un patrimonio que, a pesar de su titularidad privada, cuenta con la categoría de bien común; algo que en Galicia todavía está por implantar y desarrollar.

No hay comentarios: