viernes, 22 de agosto de 2008

La fachada atlántica de Marineda (II): el proyecto de las Casas de Paredes


El proyecto de crear una fachada marítima para la ciudad de La Coruña surgió en 1779 gracias a la iniciativa del arquitecto y Capitán General Pedro Martín Cermeño y García de Paredes.

Su ambiciosa idea era la de crear un frente uniforme en la Marina, desde el Cantón Grande hasta Puerta Real, dejando como punto presidencial la Casa de la Aduana. La propuesta contaba con una vocación civil y urbanística pues, además de dar aportar salubridad al lugar y cubrir la necesidad de viviendas que entonces tenía el barrio de la Pescadería, también suponía una renovación de la "imagen" de la ciudad, más acorde con su recién potenciado estatus comercial.

Para llevar a cabo el proyecto, aprovechó en parte la iniciativa del comerciante Benito Agar quien, recién instalado en la ciudad planificó la construcción de su residencia en una zona privilegiada de la Pescadería, al inicio de la Calle Real y con conexión a la Marina, a fin de garantizarse un lugar ventajoso para sus negocios. En vista del elevado precio de los alquileres, Agar pretendía también realizar una lucrativa maniobra urbanística construyendo nuevas viviendas en dos zonas bien diversas del barrio: unas destinadas a la burguesía y las otras más humildes próximas a la periferia. Diversos contratiempos abortaron los proyectos del comerciante que hubo de contentarse con la construcción de su vivienda, para lo cual contó con el apoyo de Pedro Martín Cermeño. En 1778 Agar adquiere los terrenos para su vivienda y en 1779 José Elejalde da los planos de la obra: una casa burguesa bifronte, con una fachada a la calle Real (el nº 1 de la misma) y otra a la Marina. Cree Vigo Trasancos que debió ser en este momento cuando Cermeño tuvo la idea de crear un "ensanche" marítimo. El Capitán General, que debía aprobar los planos de Elejalde, aceptó la fachada anterior del edificio pero reformó la posterior, a todas luces con la mente ya puesta en su proyecto urbanístico pensado, como él mismo afirma, "para el decoro, decencia y comodidad de los pueblos". Supervisó el diseño de las fachadas, que fue puesto en manos del ingeniero Antonio López Sopeña y aprobado por el rey (propietario del espacio que había sido ganado al mar) ese mismo año. La fuente de inspiración de Cermeño debieron de ser los "quais" que en el siglo XVIII engalanaron las fachadas marítimas y fluviales de ciudades francesas como Burdeos o Nantes.



Para facilitar la materialización del proyecto, Cermeño pretendía llevar a cabo una subdivisión de los solares, que serían repartidos de manera gratuita a quienes aceptasen sujetar sus edificaciones a un diseño común de fachada: pórticos adintelados en la planta baja, dos cuerpos superpuestos unidos por pilastras gigantes (el primero con balconada continua), una cubierta corrida jalonada de buhardillas y una decoración en un sobrio lenguaje clásico.

Las alas residenciales se desplegaban a partir de la Casa de la Aduana que en el diseño inicial recibía le mismo tratamiento plástico que el resto del conjunto. Ante este edificio se pretendía crear una plaza que estaría porticada en tres de sus lados, reservándose el cuarto a un balcón sobre el mar; sin embargo, el proyecto quedó sin rematar, la plaza no llegó a realizarse tal y como estaba trazada y, en 1780, la Casa de la Aduana sufrió un cambio en su fachada: suprimiéndose los pórticos y limitándose el edificio a sólo seis luces. A pesar de ello, se mantuvo el carácter homogéneo del conjunto.

Asimismo, se proyectó en la parte posterior de las casas un callejón medianero con la calle Real. Éste nunca llegó a concretarse del todo y su vestigio es el oscuro y bastante sórdido Callejón de la Estacada.

Diez fueron los solicitantes de los solares y sólo siete las viviendas construídas. La deserción de tres de los interesados pudo provocar la abrupta interrupción que hoy presentan las Casas, al ser los tres solares centrales los que nunca se llegaron a edificar.

Si bien el ambicioso proyecto de Cermeño nunca llegó a materializarse en su totalidad (del Cantón a Puerta Real) las dos manzanas presididas por las galerías crearon una segunda fachada marítima decimonónica, que acabó por prevalecer sobre la primera una vez que ésta fue alejada de la rivera y ocultada tras los modernos edificios de Correos y de la Autoridad Portuaria.


2 comentarios:

David Alonso dijo...

menudo proyecto, es una pena que no se conclueyese en su totalidad.

Paula dijo...

Desde luego sería muy llamativo porque en España no hay "quais" al estilo francés ni abundan este tipo de fachadas marítimas tan estrictamente orquestadas.

En el XVIII se intentó hacer de Coruña un gran puerto ultramarino, potenciando más aún sus intercambios con Hispano América. Ello implicaba la necesidad de dotar a la ciudad de servicios y fueron muchos los proyectos arquitectónicos que se realizaron, aunque pocos los que llegaron a materializarse. Por otro lado, Coruña fue un puntal para la renovación borbónica frente a la clerical Santiago de manera que desde la Corona también se hicieron planes arquitectónicos y urbanísticos interesantes para la ciudad (el edificio de Capitanía es un buen ejemplo). Muchos de ellos tampoco se materializaron, de no haber sido así, la ciudad tendría un aspecto bastante distinto al actual, contando con más edificios monumentales.

Los libros de Alfredo Vigo lo explican muy bien y en ellos se pueden ver esos proyectos, casi siempre con las planimetrías a color. Es muy interesante!