lunes, 29 de septiembre de 2008

La deshumanización de la arquitectura


(Imagen tomada de El País)
Hace tiempo que quiero dedicarle un post al madrileño claustro de los Jerónimos, actualmente integrado (aunque sería más correcto decir engullido) en el espacio museográfico del Museo del Prado. Por supuesto, se trata de una opinión personal, a posteriori y al margen de la larga (y ya finiquitada) polémica entorno al cubo de Moneo y basada en la contemplación del resultado final.

Está claro que las autoridades políticas, incluyendo aquellas que se dedican al mundo del patrimonio, no siempre cuentan con la preparación suficiente como para dilucidas cuál es la solución más beneficiosa para un bien. Es ahí cuando entran (o deberían entrar) los expertos: arquitectos, museólogos, restauradores y, ante todo, los hermanos pobres de todos estos: los historiadores del arte. Ignoro cuál ha sido el proceso exacto seguido a la hora de determinar en qué manera se debía de integrar el claustro de los Jerónimos en el nuevo espacio del Museo del Prado, pero todo apunta a que los historiadores del arte han tenido poco o nada que ver en las decisiones tomadas. Paso a explicar el por qué.

Historiador del arte es aquel que se afana en estudiar y comprender a través de métodos científicos aquellas manifestaciones artísticas producidas por el hombre a lo largo de la historia. La musealización del claustro de los Jerónimos es un ejemplo de incomprensión, no sólo de la obra, sino incluso de la propia arquitectura.

Para comenzar: la musealización de un claustro al estilo de los Cloisters del MET es un auténtico atraso museológico. La museología aspira a convertir el museo un lugar activo en el cual se aspira a que el visitante adquiera un cierto conocimiento y comprensión de lo que allí se muestra. Para ello es preciso contextualizar las obras dándo sentido al recorrido propuesto y aportando al espectador la información necesaria para que éste pueda comprender la génesis y significado de las obras (nunca totalmente, pues eso es imposible, pero sí parcial y correctamente). En este sentido enclaustrar (y nunca mejor dicho) y descontextualizar un elemento arquitectónico, como en este caso un claustro, es una vuelta al pasado más rancio y demuestra una total ignorancia por parte de los promotores de la idea. Una ignorancia y una incomprensión que, consecuentemente, se trasladan al espectador que, en el caso del ejemplo que traigo a colación, no puede sino verlo como un hermoso decorado de factura clasicista. Un "decorado" creado en 1612 por Miguel Martínez para los frailes jerónimos. Cierto es, que lo que vemos es la fachada decorativa, lúdica, del antiguo claustro, hoy convertido en tramoya; sin embargo nada queda para la comprensión de este espacio muerto.

El claustro surge como elemento articulador del espacio monástico en plena edad media, siendo el núcleo vertebrador de esa "ciudad ordenada" que aspiraba a ser todo monasterio (y con el tiempo, todo convento, pues las órdenes mendicantes copian el eficaz modelo habitacional de los monasterios). En torno al claustro, o claustros si la comunidad es numerosa, se disponen las dependencias monacales: sala capitular, cocina y refectorio, almacenes, archivo y biblioteca, cerería y habitaciones (éstas, por lo común, en la segunda planta). Además, el claustro comunicaba con la iglesia, favoreciendo el tránsito entre aquellos espacios que centraban la vida de la comunidad. El claustro se concebía, además, como lugar de recogido esparcimiento, de ahí que suela estar concebido como orto conclusus o vergel para la reflexión y esparcimiento del alma, a menudo ornado con un brocal o una fuente que incorporaba el rumor del agua al silencio propio de este espacio. Etimológicamente el claustro era un lugar cerrado, refugio de la comunidad y, por tanto, una entidad viva.

Despojado de todos estos elementos, bellamente restaurado, sí, pero privado de sus corredores, de sus muros de cierre e, incluso del contacto con la iglesia, el claustro de los Jerónimos se ha convertido en un espacio inerte, vacío de significado; espacio museístico y escenario para las esculturas de los Leoni. Nada hay que nos lleve a su génesis y permita comprender su razón de ser. Vacía de función la arquitectura se convierte en escultura y en este ejemplo el claustro-escultura deshumanizado, convive con otras piezas escultóricas, ¿es realmente posible que esta fuera la intención de los directores y patronato del Museo del Prado?

Por otro lado, llama la atención la ignorancia, o arrogancia, del propio Moneo. Afortunado por dejar su huella en la ciudad orgánica, olvida respetar el trabajo de sus ancianos colegas, dando una patada a una de las piedras (nunca mejor dicho) que una a una han formado el camino de la arquitectura española. Llama la atención la inocente arrogancia del arquitecto pues, al igual que nosotros pereceremos, ¿no lo harán también nuestras obras? ¿Qué hay que garantice a Moneo que, tal vez no dentro de tantos años, otros arquitectos ignorantes o arrogantes ninguneen alguno de sus queridos edificios, vistos como vetustos o faltos de valor? En realidad, nada.

La penosa deshumanización del claustro de los Jerónimos no deja de ser otra muestra más del enorme poder que tiene la hoguera de las vanidades de nuestra sociedad.

7 comentarios:

Didac Valmón dijo...

Muy interesante artículo. Yo sentía lo mismo aunque no lo hubiera sabido expresar. Es como si a los Jerónimos lo hubieran convertido en parte del museo olvidando todo lo demas.
Me ha encantado como lo describes, enhorabuena...

Matritensis dijo...

Hombre, por fuera es horroroso, no me gusta nada pero el interior no lo veo del todo mal, si acaso un poco triste, posiblemente sea la primera vez que siento esa sensación de tristeza dentro de un claustro y eso que he visto muchos.

Saludos ;)

David Alonso dijo...

Yo es que no soy objetivo, porque desde el principio estuve en contra del proyecto porque es una intervención muy radical en una zona preciosa de Madrid. Creo que Moneo solo sabe hacer cubos y alguien debería decirle que hay vida más allá de los cubos y del ladrillo. En San Sebastián igual, cubos, cubos y más cubos. Como este tío descubra el pentágono nos plasma uno más grande que el de Washington en Alcorcón

Matritensis dijo...

David muy bueno jajaja!!
Yo también creo que sólo sabe hacer cubos.
Hace poco vi en una revista un edificio, no recuerdo cual, que era de Moneo y ¡no era un cubo! me quedé sorprendidísimo.

yosoyhayek dijo...

Moneo es un desastre... Cubos de ladrillo! Por lo menos el Kursaal donostiarra... algo tiene.
La ampliación del Prado ha sido un fraude muy caro. Arquitectónicamente devalúa el entorno y la entidad del museo. Un par de salas más, cuatro esculturas, y una cafetería. Nada más. Y el Casón, como siempre, cerrado e infrautilizado. Y algo más, la ampliación incluía el antiguo museo del ejército, que sigue sin restaurarse ni utilizarse...
Un fiasco, total!
Excelente post!
Saludos!

Pfunes dijo...

Una reflexión muy interesante sobre la ampliación del arquitecto Moneo, si bien su obra ha perdido mucho desde que obtuviera fama con su Museo Romano de Mérida.

Decirte también que como arquitecto estoy de acuerdo contigo en la forma pero no en todo el contenido. Efectivamente la intervención de Moneo deshumaniza el claustro de los Jerónimos, y esto por desgracia es un mal comñun a muchas intervenciones en nuestro patrimonio arquitectónico. El arquitecto contemporáneo se impone a las preexistencias muchas veces de forma violenta, reafirmando en todo momento su superioridad sobre el pasado.

Sin embargo esa prepotencia y desprecio hacia los precedentes históricos (sobre todo hacia los derivados del clasicismo) viene de la mano de la radical separación que existe hoy día entre la Arquitectura que estudian los Arquitectos y la Arquitectura que estudian los Historiadores.

En ambos casos los enfoques no se complementan y son hasta cierto punto excluyentes: el historiador mira la Arquitectura desde un punto de vista formalista y ornamental (en el sentido del ornamento albertiano) tomado de los métodos de análisis visual de la pintura y la escultura; y el arquitecto de hoy ve la arquitectura histórica a partir de un análisis comparativo con la árquitectura contemporánea donde únicamente obtiene unas cualidades espaciales sin ahondar en la esencia de las mismas. La arquitectura histórica así considerada es poco menos que una artesanía obsoleta que debe sustituirse por las flamantes obras modernas.

La docencia de la arquitectura suele tratar muy de pasada la historia, centrada como está en la difusión de lo contemporáneo, lo que provoca que el arquitecto viva alienado con respecto a su pasado.

Un saludo.

PD: te invito a que leas mi entrada sobre el arquitecto ante la historia de la arquitectura: http://ventanasdemarineda.blogspot.com/

Pfunes dijo...

Perdona, copié tu enlace en lugar del mío. Este es:

http://otraarquitecturaesposible.blogspot.com/2008/09/el-arquitecto-ante-la-historia-de-la.html