domingo, 7 de septiembre de 2008

La Guerra de la propaganda (I)

Durante la Segunda Guerra Mundial, las principales potencias de la contienda desarrollaron poderosos mecanismos propagandísticos que permitieran justificar su causa y ganar adeptos entre sus súbditos. El presente post y su continuación presentan dos ejemplos de propaganda cinematrográfica producidos, respectivamente, por el Reich y por el ejército norteamericano.

Cuando el general Marshall solicitó al cineasta Frank Capra que llevase a cabo una serie de documentales bajo el título Por qué combatimos (Why We Fight) le facilitaron el visionado de El triunfo de la voluntad (Triumph des Willems), la película rodada en 1935 por Leni Riefenstahl para Hitler durante el Congreso de Nuremberg. Hoy en día considerada una obra maestra del séptimo arte, transcribo a continuación las palabras del propio Capra acerca de ella:
"El filme era el ominoso preludio del holocausto de odio de Hitler. Satán no hubiera podido idear un superespectáculo capaz de helar más la sangre.
Usando las instalaciones del imperio cinematográfico de la UFA, controlado por los nazis, Leni Riefenstahl (productora) hizo el más clásico y más poderoso filme de propaganda de nuestro tiempo. Era a la vez la glorificación de la guerra, la deificación de Hitler y la canonización de sus apóstoles. Aunque envuelto en toda la pompa y oropeles místicos de una ópera wagneriana, su mensaje era tan directo y brutal como un tubo de plomo: ¡Nosotros, la Herrenvolk, somos los nuevos dioses invencibles!
El triunfo de la voluntad no disparaba ningún arma, no arrojaba ninguna bomba. Pero como arma psicológica oriantada a destruir la voluntad a resistir era igual de letal.
[...] Un centenar de miles de milicianos nazis -enfundados en botas, armados, envueltos en esvásticas - permanecían rígidos hilera tras hilera, mientras el Odio caminaba solo hasta su altar de micrófonos.
La Voz del Odio chillaba desde millones de radios: <<¡Somos la raza superior!>> ¡SIEG HEIL!, exclamaban un centenar de miles de gargantas. <<¡Hoy, Alemania! ¡Mañana el mundo!>> ¡SIEG HEIL!!... ¡SIEG HEIL!!...
Luego Hitler caminaba por entre sus superhombres que permanecían rígidamente firmes. Rubios Sigfridos con botas y cascos, con las banderas con la esvástica ondeando, sus rostros resplandecientes con pagana locura mientras Hitler aferraba cada brazo derecho en el saludo del guerrero, antebrazo contra antebrazo, y los ojos se cruzaban con los ojos en una salvaje promesa hipnótica..., prestando el juramento de sangre de la obediencia.
El asesinato en masa de inocentes se halla más allá de la comprensión humana. Pero una visión de El triunfo de la voluntad hubiera debido predecirlo..., a cualquier mente que hubiera podido permanecer serena antes del horror.
Sí, el mensaje del filme era llano y brutal: <<¡El poder es nuestro! ¡Un poder imbatible! ¡Rendíos, todos los débiles balbuceantes de la libertad! ¡Los mansos sólo heredarán la tierra que llenará sus tumbas! ¡Rendíos!>>
Ese filme paralizó la voluntad de Austria, Checoslovaquia, Escandianvia y Francia. El filme pavimentó el camino para la Blitzkrieg, la guerra relámpago. Ese filme paralizó prácticamente mi propia voluntad mientras volvía lentamente a mi gastado escritorio para sentarme a solas y sin que nadie reparara en mí en una habitación llena de oficiales, todos ellos sumidos en sus propias insuficiencias para enfrentarse al desafío de la guerra".
El triunfo de la voluntad fue guardado con celo, como un secreto de Estado, por los militares norteamericanos conscientes de que el despliegue de fuerza reflejado en el film podría derivar en un fortísimo golpe moral para los estadounidenses y un ejército donde la proporción de civiles respecto a los militares era de 50 a 1.


5 comentarios:

Matritensis dijo...

Excelente artículo Paula.

La propaganda es una de las armas más efectivas, que se lo digan a Pepiño!

Vitrubius Volante dijo...

En mi opinión, El triunfo de la voluntad es un tostón para la sensibilidad artística y política actual, pero entiendo que pusiera los pelos de punta en su momento. Aún hoy sigue siendo, en cierto sentido, hiptónico y espeluznate.

(¡Buena entrada!)

Paula dijo...

Tiene partes: el recibimiento del pueblo de Nuremberg y la parte final del Congreso se hacen más pesadas, sin embargo la parte central del documental en el estadio, con el discurso, es buenísima.

A nivel estético, y fotográfico es una obra intachable: la planificación es excelente (fijaos en el uso de los contrapicados para presentar a los niños: el futuro de la perfecta raza aria), y sigue funcionando bien a nivel de montaje y en los movimientos de cámara. Es un trabajo muy pensado.

Por otro lado, ¡no hay que olvidar que se trata de un film de 1935!

Cuando os cuelgue un fragmento de uno de los documentales de propaganda de Capra vereis la diferencia!

En cualquier caso me alegro de que os gustara la entrada!
Saludos a ambos

Vitrubius Volante dijo...

Tienes toda la razón del mundo. Por cierto,... ¿Hoy te he visto en la facultad o fueron imaginaciones mías? Es que fue un poco raro... Más que raro, fugaz.

Paula dijo...

ja, ja, ja!

Sí, me viste en la facultad. Tú salías y yo entraba como un rayo!!! Siento no haberme detenido pero me esperaba un profe justo en la entrada y llegaba tarde a una reunión (menuda reentrada estival, menos mal que quedaba todo en confianza).

De todos modos pasaré a saludarte por el mayor (que menos no??)
Un abrazote