sábado, 14 de marzo de 2009

De los libros prohibidos


Hace ya tiempo, prometí desde esta ventana que dedicaría un post a hablar del Index Librorum Prohibitorum, la guía de libros prohibidos de la Iglesia que hoy en día vuelve a estar de actualidad después de que el Opus Dei diera a conocer un listado semejante adaptado a nuestros tiempos.


La idea de elaborar una lista de libros prohibidos surgió en 1515, en el XV Concilio Lateranense y fue confirmada en 1549, en el Concilio de Trento. Su finalidad era la facilitar a los censores encargados de controlar la estampación de libros un listado de títulos y autores. Durante el papado de Pablo IV se publicó el primer Índice (1557), que tuvo hasta 42 reediciones que iban incrementando y modernizando la lista. Su 32 edición, publicada en 1948 contaba con 4.000 títulos. El Index recopila lo más granado del saber filosófico y cultural europeo del siglo XVI al XX, aunando a los responsables de las ideas y textos que han ido modelado las mentalidades en occidente: Erasmo, Machiavello, Descartes, Spinoza, Milton, Hobbes, Malebranche, Hume, Locke, Kant, Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Diderot, Stael, Balzac, Victor Hugo, Flaubert, Zola, D´Anunzio, Sartre... Afortunadamente, la mano censora de la Iglesia no era tan larga y eficaz como para que esta cultura quedase relegada al olvido, destinada a no pasar del papel manuscrito y encerrada en armarios creados ad hoc en las bibliotecas de catedrales, monasterios y conventos.


El Índice fue suprimido en 1666, tras el Concilio Vaticano II, y pasó a formar parte del pasado de la Iglesia Católica; hasta hace cosa de un mes. En razón de los tiempos raros, emponzoñados, peligrosos y decadentes que corren, el Opus ha decidido recuperar la costumbre censora y ha elaborado la versión 2000. Un listado puesto al día para propiciar una herramienta que evite cualquier desviación (intelectual y moral) de lo que ellos creen es el "buen Camino". Acerca de esta guía, el historiador Josep Fontana escribió un estupendo artículo al cual remito a mis lectores. No tiene desperdicio, en parte porque va citando algunos de esos títulos y escritores que el Opus han considerado como "peligrosos" de manera que el lector puede hacerse idea de hasta qué límites se puede llevar la ignorancia. Por otro lado, en esta columna Fontana reflexiona sobre el sinsentido -atropeyo, manipulación, dirigismo, se podrían aplicar numerosos calificativos- que supone la publicación de un listado semejante, casi medio siglo después de que la Iglesia se decidiera a dar carpetazo a su Index.

martes, 3 de marzo de 2009

Y el pueblo habló...


El domingo uno de marzo los gallegos desmontamos uno de esos tópicos que pesan sobre nosotros: el de abúlicos o pobres almas. Ese dicho que nosotros mismos acuñamos: "mexan por nos e aínda temos que decir que chove" se desizo como papel en el agua ante la respuesta masiva de los ciudadanos a la llamada de las urnas; evidencia de que la democracia funciona y de que el cabreo del personal era, sencillamente, memorable. Está mal que, como parte implicada, lo diga pero el domingo los gallegos hemos dado una lección a los políticos enviándoles un mensaje meridianamente claro: con la gente no se juega. O lo que es lo mismo, no somos tontos.



En 2005 el cambio de gobierno (¿regeneración democrática?) llegó como un soplo de aire fresco. Era necesario. Se necesitaban un nuevo impulso y sabia nueva para oxigenar 20 años de "fraguismo". Era bueno, no sólo para la comunidad sino también para el propio PP que ya olía a rancio y caduco. En este país (y me refiero a España en general) donde se presume de que los ciclos de gobierno son largos, el que cuatro años hayan bastado para revolucionar un territorio resulta inaudito. Precisamente a tenor de esta tendencia decía ayer un presentador de radio que no repetir tras cuatro años de gobierno era un fracaso estrepitoso para Touriño, y tal vez tenga razón dentro de la cortedad de miras de la afirmación. A Touriño y al error que cometió al convertirse en rehén de su socio de gobierno le debemos hoy que la tímida sociedad gallega haya despertado, seso vivo y voy potente, ante el presente y futuro político de la comunidad. A los modos de Touriño les debemos el que la noche del domingo el flamante triunfador Núñez Feijóo prometiera con voz entrecortada que gobernaría para todos (TODOS) y que se reuniría con los representantes de los demás partidos políticos en un gobierno que, prometió, sería de diálogo. A pesar de la mayoría absoluta (voz en off). Y es que el domingo los políticos entendieron que no están en far west y que los excesos pueden salir muy caros.



Una participación del 70% que dieron la mayoría al PP que parece sacó un escaño al PSdG-PSOE y al BNG (digo parece porque los primeros creen que pueden igualar los números de la anterior legislatura con el voto emigrante; se verá). Los resultados, si bien tienen que ver con la campaña que, tras una primera semana zozobrante, se precipitó desde el fin de semana, son sobre todo la lógica consecuencia de los cuatro años aprovechados por el Bloque para demostrar de lo que eran capaces. A "Quin" no le bastó la imaginación de sus publicistas para lavar la imagen chanchullera, neo-caciquil e impositiva ganada a pulso en los últimos tiempos (la torpeza del mitin-secuestro de los jubilados de Oia fue la guinda del pastel). Del mismo modo que Touriño pagó su apatía y falta de firmeza para marcar las líneas del que, al fin y al cabo, era su gobierno.

Los vientos sembrados por el gobierno bipatito bastaron a Feijóo (que durante la campaña descubrió que sólo las vacas -en femenino- daban leche) para ganar los dos escaños que le permitían gobernar cómodamente. Parece que entre tanta polvareda levantada los socios del bipartito perdieron de vista el reparto de sillones del parlamento y olvidaron el gobierno pírrico que habían formado en su momento. No tenían tanto margen.

Y así quedaron las cosas: gobierno en mayoría para el PP, el PSdG que cede un escaño y el Bloque que sigue en una caída libre que es estrepitosa en ciudades como Santiago.



Tras estos partidos y lejos de sentarse en el parlamento quedaron la recién llegada UPyD, Terra Galega e IU. UPyD fue vencida por el voto en blanco. La formación de Rosa Díez, que llegó a prometérselas muy felices y que aspiraban a ocupar un sillón en el hórreo se topó con la dura realidad: no basta con ponerle ilusión, también es preciso tener un programa serio y organizar la campaña con sentido y no con corazón. Cierto que la barrera del 5% es un reto, pero se quedaron lejos del 3%, lo cual no les deja en muy buen lugar teniendo en cuenta que, por fin, consiguieron tener un lugar en la prensa. La "rosadependencia" les pasó factura y acusaron la falta de un líder claro. Todo lo contrario que Terra Galega que arrasó en Narón, feudo de su jefe de filas Xoán Gato. En la provincia de La Coruña superaron en 4.000 votos a UPyD pero les faltó empuje en las restantes. Mientras tanto IU no acaba de encontrar un sitio en la comunidad.



Veremos ahora qué nos depara el futuro. Si tendremos una versión del buen o del mal gobierno, cómo se reinventará el PSdG tras la marcha de Touriño, qué será del BNG, si implantan o no las pequeñas fuerzas políticas. Veremos cómo se manejan nuestros políticos ahora que saben que los miramos atentamente.