domingo, 28 de marzo de 2010

El futuro de la ciudad


El peor síntoma sobre el estado de salud de una urbe es el estatismo. En el momento en que se deja de pensar en cómo modernizar, mejorar o ampliar una ciudad; en hacerla más habitable o habitada, nos hallamos ante la evidencia de que ese núcleo de población tiene un serio problema. Tal vez de origen económico, que deriva en consecuencias demográficas que acaban por hacer de la ciudad un lugar dormido, anquilosado y casi inerte, triste y con signos de degradación. Seguro que todos conocemos ejemplos de ello. Es importante que las ciudades se mantengan vivas, que sean dinámicas y que sus dirigentes trabajen para que así sea. Que aboguen por un modelo de ciudad y lleven a cabo los proyectos pertinentes para que su apuesta cristalice; pero siempre teniendo en cuenta las consecuencias de sus acciones, de modo que su tejido no quede marcado por hondas cicatrices y se dilapide el dinero en "desfacer los entuertos" creados por culpa de malas y especulativas actuaciones.


En el último mes, los periódicos locales no dejan de publicar noticias sobre el futuro de La Coruña. La obras de la tercera ronda, que nace como arteria entorno a la cual crecerá la ciudad, los problemas para los accesos al Marineda Plaza -macro-centro comercial en el cual se abrirá en el mes de julio el deseado Ikea-, el plan para hacer de la calle Orillamar un boulevard, la nueva propuesta de Alejandro Zahera para sustituir las terrazas de María Pita y, esta misma semana, el proyecto presentado por Autoridad Portuaria Y Copasa para resolver el intrincado entuerto del párking del Parrote. Desde luego ideas, frentes abiertos, no le faltan a nuestra corporación municipal, y de ellos hablaremos aquí, poco a poco. Este post, está dedicado al proyecto del Parrote, que desde hace un par de años es uno de los grandes "entuertos" del Ayuntamiento.


La cadena de despropósitos derivados del párking del Parrote surge de la mera idea de querer hacer, precisamente allí, un aparcamiento. Es cierto que se debe solucionar los problemas de aparcamiento del centro de la ciudad. Las plazas al aire libre son pocas y los párkings no acaban de ser una solución. El de los cantones apenas tiene plazas practicables, pues su mayoría han sido compradas por los bancos y empresas que tienen sus sedes principales en la zona. Este aparcamiento ha sido descongestionado en parte por el del Centro de Ocio, que es privado y, por tanto, no alimenta las arcas municipales. Es decir, para el Ayuntamiento no es una opción. El caso del párking de la plaza de Pontevedra es similar al de los Cantones, y el del Paseo Marítimo se ha quedado pequeño para las grandes ocasiones. Sin embargo, la verdadera raíz del problema está en que a los coruñeses y habitantes de los alrededores -que suman una población superior a la de la ciudad- no les gustan los párkings. A la gente le duele mucho pagar por aparcar si puede evitarlo, incluso a riesgo de que le pongan una multa. Una posible solución sería mejorar el transporte público lo cual, dicho sea de paso, es un tema urgente. La frecuencia de autobuses en esta ciudad es, sencillamente, insufrible. A excepción de un par de zonas mejor comunicadas, coger un autobús a menudo es símbolo de una larga espera, frío, lluvia -tantas de las veces- y un transporte abarrotado cuando, por fin, llega a la parada (es lo que tienen acumular retrasos). El carril bus (que, por cierto, ha restado numerosas plazas de aparcamiento por el centro) ha mejorado los tiempos, pero no se ha aumentado la flota, con lo cual el problema persiste.


Con todo, los verdaderos problemas del párking del Parrote no vienen de ahí, sino de una nefasta planificación. En primer lugar el aparcamiento se pretende construir en una zona acondicionada hace relativamente poco tiempo, lo cual mosquea si pensamos en que se está invirtiendo tontamente el dinero y que la planificación real no existe. En segundo lugar, a nadie en urbanismo, se le ocurrió estudiar la posibilidad de que en las proximidades de la Ciudad Vieja pudiera haber algún tipo de resto arquitectónico que complicase la obra y aquí estuvo el gran problema. Con las obras iniciadas, la concesión del párking hecha, puestos de acuerdo Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento, se encontraron -¡gran sorpresa!-los restos de un antiguo bastión de época moderna. El problema estaba servido: intervención de Patrimonio, paralización de las obras del párking, estudio de los restos hallados e inicio de la búsqueda de posibles soluciones ya que los restos ocupan más de la mitad del espacio pensado para el párking.


Si en urbanismo hubiera una sola persona -historiador, historiador del arte, arquitecto o arqueólogo- que se dedicase a realizar estudios de la ciudad histórica o conociera minimante la historia de la urbe, fuese un espíritu inquieto o un amante de los planos, el problema nunca hubiera existido porque son varios los planos antiguos en los que se representa este bastión marítimo. Pero este no es el caso para la ciudad de La Coruña.


En consecuencia, Autoridad Portuaria y la concesionaria del párking -que parece que tiene que ser compensada de algún modo- hay buscado soluciones al problema y, por fin, esta semana se ha hecho público el proyecto presentado a la corporación municipal y que el que veis en la foto. El bastión se conserva y se deja un pequeño parque en su interior. El exterior se deja como espacio de paseo, con algo de vegetación. Bajo él, el párking, sobre él varios espacios comerciales. Para llevar a cabo el proyecto: se necesita comer más espacio al mar. No sé si les pasa a ustedes pero a mí de pensarlo ya me hierbe la sangre. La zona de la Marina, los Cantones, Linares Rivas, todo se ha construido a base de robarle espacio al mar. La riqueza de la Marina es esa combinación única de puerto -ahora deportivo-, parque y la magnífica fachada creada por el conjunto de las galerías. Disminuir, una vez más, el espacio de la dársena es un terrible error, y hacerlo para compensar a una concesionaria que se equivocó al apostar por un mal proyecto es un atropeyo.


Por otro lado están los edificios comerciales. El comercio del centro de la ciudad, en plena crisis económica, está pasando por un momento sumamente delicado. Los alquileres son imposibles y las ventas insuficientes. Hace años que la Zona Obelisco pasa por dificultades y ahora quieren modificar la fachada marítima para incluir nuevas áreas comerciales cuando ya tenemos más de las que realmente pueden funcionar en la ciudad. ¿Nos hemos vuelto locos? Ya es sabido que la idea de construir el Centro de Ocio del Puerto fue un error. Si no fuera por los cines ese edificio estaría hoy cerrado. Se ideó como espacio para tiendas de lujo para los turistas de los trasatlánticos y no como centro comercial, y el ayuntamiento se vio obligado a modificar esta idea para intentar mantenerlo abierto.


En el caso del Parrote, todo huele a intentar recuperar el dinero dilapidado por una mala, malísima, planificación, y ahora, como siempre, quieren que lo paguemos los ciudadanos, no sólo a costa de nuestros bolsillos, sino también de nuestra ciudad. Espero que la gente diga basta.

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