sábado, 1 de mayo de 2010

Los murales de Urbano Lugrís

Imagen tomada de turgalicia.es


Urbano Lugrís fue uno de los pintores más integrados en el ambiente artístico y bohemio coruñés de pre y post-guerra. Procedente de una familia muy vinculada al mundo de la cultura (su padre fue un activo galleguista fundador de la Academia Gallega y su padrino era el escritor Francisco Tettamancy y Gastón), Lugrís tuvo un intensa carrera marcada centrada en dos polos: la pintura y la poesía. Como pintor desarrolló un lenguaje propio, de aire naïf e influenciado por el arte de las vanguardias artísticas, pudiendo establecerse vínculos con los mundos oníricos, silenciosos y preciosistas de los surrealistas franceses Yves Tanguy y René Magritte, así como de los italianos Giorgio De Chirico y Carra. Mundos que se forjan en su imaginación pero que beben de su realidad inmediata: las leyendas gallegas y el paisaje terrestre y marino de la ciudad de La Coruña, de la cual realizó numerosas vistas. El mar es su tema principal y está representado tanto en sus vistas, en sus elementos intrínsecos -peces, algas, corales, habitantes mitológicos- y en aquellos creados por el hombre pero vinculados con este medio: cartas náuticas, catalejos, compases... Del mar también procede el cromatismo de su paleta, donde predominan las distintas tonalidades de azul, contrarrestadas con la calidez de los tonos rosáceos, siena y crema, que aplica con planitud, aumentando así la sensación de irrealidad inocente.






Su gusto por la bohemia lo hacía un habitual de las tascas y tabernas, y fue así como dejó muestras de su arte pictórico, generalmente expresado en obras de pequeño formato y pintadas sobre tabla, en algunos de los locales que frecuentaba, y donde intercambiaba su trabajo por pitanzas y bebida. Estos trabajos son las principales muestras de su trabajo mural, prácticamente limitado a dichos encargos.



Hace un par de días, La Voz de Galicia publicó un artículo sobre el mal estado del mural que decora la gran pared del Café Vecchio (el mayor de cuantos dejó Lugrís en la urbe coruñesa), que se deteriora ante los humos y manchas de grasa y bebidas derivadas de su ubicación en este local hostelero. Cuando el Vecchio abrió sus puertas en la Calle Real, el mural, que representa una vista panorámica de la ciudad de La Coruña, lucía recién restaurado y era su principal atractivo. Hoy clama por una nueva restauración y por la búsqueda de un sistema de protección eficiente. Aunque no será económico debido a sus dimensiones.



No obstante, este establecimiento no es el único de la zona del Obelisco que conserva murales de este pintor. La Bottega (en la fotografía), un restaurante sito en la calle de los Olmos, a escasos metros del citado café, cuenta también con una notoria colección de pintura mural. Hermosos ojos de buey con fondos marinos, arcos de hornacinas pintados en sus frontales e intradoses y, en un apartado, otra vista, esta más modesta, de la ciudad. A diferencia de los propietaros del Café Vecchio, los dueños de la Bottega no restauraron los murales en el momento de abrir su local. El paisaje de la ciudad presenta desconchados y los ojos de buey están oscurecidos, presentando unas tonalidades oscuras que nada tienen que ver con la brillante paleta que caracteriza la pintura de Lugrís. Del mismo modo que el artículo de La Voz pretende concienciar sobre el estado del mural del Vecchio éste espera llamar la atención sobre la necesidad de que estas pinturas, menos visibles, menos expuestas, se conserven en las mejores condiciones. De no ser así se perderá un patrimonio insuficientemente valorado.



La principal colección de pintura de Urbano Lugrís la atesora la Fundación Caixa Galicia. De su página web he tomado las siguientes imágenes, que evidencian la necesaria restauracón de los murales de La Bottega.



Medusa
Fondo marino con pezRetablo marino




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