domingo, 27 de junio de 2010

Los futbolistas de Nike cotizan a la baja


Este breve post viene al hilo del que publiqué el día que Nike dio a conocer su publicidad de cara al Mundial de Sudáfrica. Ya entonces, hablando con mi amigo J. éste comentó jocosamente la baja forma de la mayoría de los protagonistas y la falta de sabia nueva. Como si de una profecía se tratasen, las palabras de J. se han materializado en forma de participación deshonrosa de buena parte de las selecciones representadas, que han estado muy por debajo del nivel que cabía esperar. Que Italia y Francia, protagonistas de la final del 2006, se volviesen a casa sin llegar tan siquiera a octavos de final no entraba en las previsiones previas al campeonato, incluso cuando la selección francesa, en evidente estado de descomposición, se clasificó tarde e injustamente. Tampoco era de esperar que Inglaterra no fuese capaz tan siquiera de apretar a una Alemania que le pasó por encima como un inclemente rodillo. Y es que los Cannavaro, Ribery y Rooney han sido una pálida sombra de sí mismos. A Drogba, por ejemplo, no le acompañaba su selección y menos aún la correosa composición del grupo G.

De los protagonistas del spot está por ver el futuro que espera a Ronaldinho, que a pesar de llegar en horas bajas cuenta con el respaldo del excelente fútbol de sus compañeros de selección y con unos cruces que no deberían dificultar su llegada a la semifinal (como mínimo), y a Cristiano, que el martes se verá la cara con Çesc, Iniesta y Piqué (que esperemos lancen el periódico pero de alegría y no de rabia).

Hasta ahora, parece que a los chicos Nike los ha mirado un tuerto y toda la emoción, espectáculo y fútbol está en las botas de las selecciones Adidas. Veremos cuál de los dos gigantes deportivos se lleva el gato el agua.

viernes, 25 de junio de 2010

Las fiestas populares vencen a las fiestas religiosas (o no...)


La noche del 23 al 24 de junio una parte del país se convierte en un clamor popular con motivo de la festividad de San Juan. De norte a sur (y viceversa) se celebra la ancestral tradición de dar la bienvenida al verano, disfrutando con amigos, al calor de una hoguera y (al menos en el norte) comiendo sardinas de una de las noches más cortas del año, que muchos alargan hasta el amanecer. En muchas localidades dicha celebración tiene un sentido especial puesto que es el proemio de las fiestas patronales, pero en otras tantas pueden la tradición y ese goce único que proporcionan las fiesta populares y, por qué no decirlo, de corte pagano. Este último caso es el que se da en la ciudad de A Coruña donde la Noche de San Juan es una de las más esperadas y concurrida. Toda la ciudad se vuelca con la fiesta. El Ayuntamiento promociona las Hogueras, eligiendo una "Meiga Mayor" y otra "Meiga infantil" que acompañadas por sus séquitos se encargan de presidir toda una serie de eventos culturales organizados entorno a la noche mágica. También es la única ocasión en que se concede permiso para hacer fuego en las playas, que desde primeras horas de la tarde -una vez que se han ido los bañistas- se atestan de gente joven que carreta leños y trastos viejos con los que aderezar su hoguera, mientras que por la noche los arenales registran una afluencia mayor que en los días más calurosos del año. Los hosteleros y asociaciones varias montan sus parrillas en plena calle y asan cientos de kilos de sardinas, y en los barrios se organizan sardiñadas al aire libre, de manera que toda la ciudad se impregna del olor acre del humo aderezado con la grasa del pescado. Y es que la víspera de San Juan los coruñeses toman, literalmente, las calles. Sin embargo, frente a otras localidades, el 24 de junio no es festivo en A Coruña y tras una noche de diversión con los amigos toca madrugar y volver al tajo, cansados y resacosos. Tal es así, que cada vez son más los que creen que San Juan debería ser uno de los festivos señalados por el Ayuntamiento. Pero, ¿a costa de quien?

La principal festividad de la urbe es (o debería ser) la de la patrona, la Virgen del Rosario, que se celebra el 7 de octubre. El segundo festivo <> coincide con el martes de carnaval que junto con San Juan es la otra fiesta que atrae a más gente, siendo muy celebrada en barrios como Montealto, donde la calle de la Torre se convierte en epicentro de la diversión. Si por aceptación, cariño y gusto fuera los coruñeses conservarían sus fiestas paganas: -martes de carnaval y San Juan, que fueron prohibidas (que no impedidas) durante los años del Franquismo- y prescindirían de tomarse de asueto el día de la patrona, que apenas moviliza a unos ciudadanos ya inmersos en el letargo propio del otoño. Siendo así, ¿cómo solucionar tal dilema? Minimizar la fiesta patronal parece excesivamente irreverente y, desde luego, no se plantea la opción de cambiar un patrón por otro y bajar de su trono a Nuestra Señora. Y cambiar el festivo de carnaval por el día después de la noche del fuego tampoco parece la solución. Entonces, ¿qué hacer? Si se resuelve el dilema o seguiremos asistiendo el día 24 legañosos y con ligero tufo a humo al trabajo se verá. Lo que parece cierto es que en Marineda las celebraciones religiosas han cedido ante las fiestas populares, aunque la tradición y el respeto por lo divino sigue pesando lo suyo...

viernes, 4 de junio de 2010

El precio del turismo en Santiago de Compostela

Desde mediados de mayo la zona vieja de Santiago es un herbidero de gente. Raro es el día que no se organizan largas colas en la Plaza de la Quintana para entrar en la Catedral por la Puerta Santa y ganar el jubileo, y atravesar las plazas que ciñen el templo o las callejuelas adyacentes es más que una odisea. Los peregrinos se agolpan en el palacete conocido como Casa del Deán, donde se encuentra la oficina del peregrino, para cumplir con el último trámite de su viaje: conseguir el último sello en su credencial y llevarse la tan ansiada Compostela. La sensación de aglomeración, no obstante, no la generan tanto estos últimos como las excursiones de aspirante a ganar la indulgencia plenaria por la vía rápida, merced a la gracia del Año Santo. Grupos inmensos, de una media de edad de 70 años, que por calles como el Franco son como maniobrar un portaaviones en un puerto pesquero. La dinámica de éstos es casi siempre la misma: llegan juntos a la catedral, cumplen allí con los ritos pertinentes: rezo en la cripta, abrazo al Apóstol y rápida salida por la Porta de Abades. Un verdadero alarde del manejo de flujos humanos por parte del cabildo que, incluso, consiente que aquellos que quieren ganar el jubileo cumplan con los requisitos de confesarse y asistir a misa en otras iglesias de la ciudad o, incluso, en sus propias parroquias. Aquellos que se deciden a ir al oficio en la catedral lo hacen por su cuenta y riesgo o por puro vicio. Una vez cumplida con la parte espiritual los grupos se disgregan, organizando grupúsculos de composición atómica que se disponen a curiosear por la ciudad como los fantasmas del comecocos. Unos pasean, otros se aposentan en las terrazas, otros (sobre todo las mujeres) echan el ancla en las tiendas de souvenirs... y así matan las horas previas antes de subirse al autobús y volverse para su casa. Algunos grupos incluso comen en la ciudad, otros, no pocos, ni eso. Sin embargo, esta flotilla piadosa es la que contribuye más activamente a que los Xacobeos sean años de bonanza económica en la ciudad.

Menores en cantidad pero muy potentes a nivel de gasto son aquellos que llegan a Santiago con motivo de la celebración de un congreso. Los congresos son el pan nuestro de cada día durante el año Santo. El perfil de estos visitantes es, económicamente, más jugoso: varias noches de hotel, comidas en restaurantes y tapeos nocturnos, obligada compra de regalos para la familia... No se suele hablar de ellos, pero están ahí y son muy potentes. Grandes víctimas del Año Santo, puesto que de celebrarse un año antes o un año después, todo (alojamiento, comidas, etc.) casi seguro les habría salido más barato. 

Por último están los peregrinos, los grandes enemigos de la hostelería. El dicho de llegar y besar el santo se cumple casi en el 100% de ellos: llegan a la ciudad, cumplen con aquellos rituales que sus guías -en ocasiones grandes mentirosas- les dicen son tradición, se toman una caña en una terraza (si no llueve) y regresan a su casa. Tiempo medio de permanencia en la ciudad de los peregrinos: un día y medio según estudios de la Consellería de Turismo. Pero, ¿es realista pretender "hacer negocio" con los peregrinos? Cierto que se puede cobrar más caras las pensiones y hoteles, la comida y el precio del café, aunque la ganancia tampoco se puede considerar millonaria. Por lo general el peregrino viaja con poco (incluso cuando tiene mucho) y su filosofía es más bien ahorradora. El económico (o nulo) precio de los albergues públicos, la creación de los "menús del peregrino" (que es el nuevo nombre del filete con patatas) y los bajos precios que se encuentran en los pueblines que atraviesa el Camino contribuyen a generar este espíritu económicamente conservador. El dinero: "in tasca". Por otro lado, esto era lo propio del peregrino en la Edad Media, con el auge de la peregrinación. En el Códice Calixtino, cuando se describen los atributos de estos viajeros de la fe, ya se dice que el morral (la bolsita donde llevaban sus pertenencias) debía de ser pequeña y con la boca estrecha. El pasar necesidad era una vertiente del sufrimiento expiatorio que debía padecer el peregrino de cara a la concesión del perdón de sus pecados. El Calixtino, insite también en la importancia (entonces vital) de la hospitalidad con los peregrinos, que atañía no sólo a aquellos religiosos y nobles que habilitaban hospederías y hospitales, sino también (y sobre todo) a aquellos que tenían la oportunidad de brindarles algún tipo de ayuda pecuniaria, alimenticia o taumatúrgica. 

El vivir de la caridad alimentaba en algunos pillastres la más fina picaresca, y todavía lo hace a día de hoy. El índice de mendicidad tiende a aumentar en Compostela y ciudades vecinas durante los años santos. Del siglo XVIII se conserva un curioso relato de tres pícaros franceses que narran una jornada de comilona gracias a la sopa boba de los conventos compostelanos. En la actualidad son un conglomerado de "perro-flautas", gitanas y ¿peregrinos?. Estos últimos son los más sospechosos: piden argumentando que necesitan dinero para volver a casa. ¿Engaño o realidad? Sea como fuere se sacan siempre unas monedas al superar el recelo de muchos.

Así las cosas, los que viven o trabajan por la zona vieja (sólo éstos porque la zona nueva es otro cantar, allí no existe el Año Santo) se ven obligados a sortear excursiones, comboys piadosos, peregrinos maltratados y renqueantes para poder desempeñar sus obligaciones o disfrutar de su tiempo, y los hosteleros se quejan porque tanto jaleo no les sale a cuenta. Es por esto que demandan la celebración de actividades populares y populosas en la ciudad, y encuentran en actividades como el desfile de las tropas imperiales (frikada que, camuflada de llamada espontánea se financió con dinero público) o la "feria medieval" que se celebra esta semana pequeño balones de óxigeno.